jueves, 2 de julio de 2026

MARTÍN HUERTAS PUERTAS: UNA DANZA PARA LA VIRGEN DE GUÍA

 


Mis personajes favoritos (Nº 333). 

 

Martín Huertas Puertas era de pocas palabras, debido, quizás, a su innata tartamudez, pero ello nunca le impidió desenvolverse en la comunicación con los demás de un modo fluído y natural. Sus ojos, su sonrisa y su capacidad de observación, formaban parte de un lenguaje propio que siempre resultaba expresivo y fácil para los demás.

La vida de Martín transcurrió entre parámetros sencillos, naturales y apegados fielmente a la devoción por la Virgen de Guía, de cuyas tradiciones fue guardián. Al igual que su madre, Pilar, y que su hermano, Agustín, bailó en su niñez la danza de los arcos, y luego la transmitió en su pureza, tal como la había heredado él, enseñándola a los críos como si fuera un tesoro que nunca ha de perderse.

Se casó con la corita Mari Carmen Sobrino Fernández, el amor de toda su vida, que tan bien le supo cuidar y entender, y formaron una buena familia: dos hijos, Martín y Javi, y, de momento, un nieto, Pablo, hijo de Javi.

Junto con Carmen, los dos codo con codo siempre, había regentado un bar muy representativo de Cue, “La Espuela” (donde él, precisamente, había aprendido el oficio desde muy joven), y después fueron los concesionarios del restaurante del club municipal de golf “La Cuesta”. Labraron su vida activa en los surcos de la hostelería, donde tanto hay que aguantar, y se convirtieron en dos de los más apreciados profesionales del sector.

Enfermo desde hacía años, Martín sobrellevaba ejemplar y valerosamente sus dolencias y las periódicas idas y venidas al HUCA, hasta que su organismo ya no pudo más. El 17 de enero de 2023 falleció en Cue, a los 68 años de edad.

Se nos fue otro de los grandes. 



miércoles, 1 de julio de 2026

ÁNGEL MENÉNDEZ GARCÍA, UN LLANISCO EN ALEMANIA

Mis personajes favoritos (Nº 67). 


Hijo de Cosme Menéndez (de la familia de los "Lechuga") y de Maruja García, con apenas diez años cumplidos, Ángel (Llanes, 1942) echaba una mano los martes, día de mercado, en la tienda de comestibles y ultramarinos "La Pilarica", cuyos dueños, Higinio y Pilar, eran vecinos suyos en la Calle Manuel Cue. Las legumbres llegaban en sacos de 100 kilos, e Higinio y él pasaban el cargamento a la trastienda en un carretillo de hierro. Ángel rellenaba bolsas de un kilo, tanto de alubias y garbanzos como de lentejas, y pesaba productos, cortaba mortadela en una maquinina de manivela y despachaba al público. Tenía remango. Empezó bien pronto a ganarse el pan con el sudor de su frente.
También ayudaba a su padre y a su tío Juan, que eran maleteros de la Estación.
A los catorce años, se iniciaría con Cuevas en el oficio de fontanería. Luego, marchó a Oviedo, donde terminó especializándose como fontanero calefactor, que fue a lo que se dedicó casi toda su vida. Emigrado en 1960 a Alemania, en Sttutgart, estado de Baden-Wurtemberg, trabajaría como calefactor hasta su jubilación.
Alemania fue el destino de gran parte de su familia. El primero que había emigrado a la patria de Goethe había sido su primo Ricardo; después marcharían él, su padre y su hermana Marivisi. No mucho después harían lo mismo su madre, Maruja, y los demás hermanos: Rosi, Paco, Cosmín (el enanín, batería de la orquesta "Los Panchines", que pasó en Sttutgart temporadas más o menos largas) y María Jesús, la hermana pequeña.

En 1964, Ángel formaría su propio núcleo familiar en Plieningen, distrito meridional de Sttutgart. Se casó con Helga Krauss, tan buena persona como él, y el matrimonio tuvo tres hijos (Thomas, Manuela y Alejandra) y seis nietos. Todos los veranos, Ángel regresaba a Llanes con Helga, y se le veía aquí agradecido y contento, saboreando cada minuto y cada conversación, siempre sin apear su sonrisa.
Falleció el sábado 9 de diciembre de 2023 a los Tenía ochenta y un años. Me dejó un recuerdo imborrable, además del honor y el privilegio de haberle tenido como vecino en la Calle Manuel Cue desde 1955. 


JOSÉ VILLAR, "EL MAYORAZU DE PORRÚA": UNA HISTORIA DE BOXEO

 


José Villar y Villar, nacido en 1882 en Porrúa, figura en la historia de Llanes por derecho propio: lo está por su fuerza descomunal, por su simpatía, por su humanidad de 120 kilos, por su nobleza, por su peculiar forma de sesear, por sus ocurrencias, por el anecdotario que nos legó… Dedicóse a la madera y estaba casado con Rosa Nevares Gómez, de Alles (Peñamellera Alta). Tuvieron diez hijos, tres de ellos varones.
De él recogió una simpática semblanza Alberto Niembro Turanzas en un cuaderno editado en los años 60 por El Oriente de Asturias, en el que se narran diez aventuras del popular porruano. Una de ellas es la titulada “Mayorazu, boxeador”:
“Una ves, me comprometieron en la villa a liarme a guantasos con un ‘bolseador’ de no sé dónde… El día antes de los puñetasos, y después de raparme al sero la cabesa, me raparon también las piernas, los brasos, el pecho, la espalda y la cara; me descortesaron bien descortesao. Como yo no había visto nunca esa clase de peleas, les pregunté sobre ellas, mientras me ponían a su gusto, y me respondieron todos: ‘Nada, Mayorasu, nada; con los guantes no os podéis lastimar mucho; además, no debes preocuparte, porque el bolseador ese es del tipo mosca'… Entonces, pensé yo, ¡mosca muerta segura!
Al otro día, y con la mosca ya detrás de la oreja, fui con los amigos al salón de la pelea; y cuando me pusieron en puros calsonsillos vino el bolseador. Estaba yo muy descuidado mirándole, cuando empesó a bailar la mosca y, asercándose como un saltapraos, y sin más, me dio un puñetaso en las narises, y otro, y otros más. Yo también los repartí, a diestra y siniestra, pero no le asestaba ni uno, porque aquello ni era hombre ni era mosca; era… ¡un pelo dansando en el aire!
Allá como pude, y después de andar tras él cerca de media hora, logré alcansarle y entonses fue la mía. Abrasé al traidor con tal coraje, que le triscaron todas las costillas. Si no me lo quitan pronto de entre los brasos, salen más de mil moscas de él.
Ya en el bar con los amigos, y desconfiando hasta del moscatel que me ofresían, les dije que la lucha del bolseo, a mi parecer, es igual a la que hasen contra nosotros los pínfanos, que, para picarnos, esperan a que nos durmamos o nos descuidemos; y aprovecharse de los descuidos de otro ¡no es desente! Además, ¿qué es eso de amenasar a uno con el puño isquierdo para pegar después con el derecho?”


JUAN JOSÉ LLAMAZARES, EN LAS ONDAS


 












Mis personajes favoritos (Nº 325).

Ilustre vecino de Llanes, nacido en Alles (Peñamellera Alta), Juan José Llamazares Martínez es uno de los radioaficionados más importantes que tenemos aquí. Adscrito a la Unión de Radioaficionados de España (URE) desde hace cincuenta años, participa con su emisora en numerosas operaciones de apoyo y comunicación, algunas de ellas de gran repercusión mediática a nivel nacional.
En marzo de 1983 Nacho Torre, otro radioaficionado llanisco de grandísima importancia, consiguió contactar por radio con los montañeros murcianos José Luis García Gallego y Miguel Ángel Díez Vives, protagonistas entonces de una gesta sin precedentes en la escalada del Naranjo de Bulnes o Picu Urriellu por su cara oeste.
Los montañeros se hallaban en pleno intento de abrir una vía en una pared de 550 metros de altura, pero les sobrevino un empeoramiento dramático de las condiciones meteorológicas. Tuvieron que pasar sesenta y nueve días colgados en la pared, en circunstancias de extrema dificultad.
En ese tiempo, desde su casa, Nacho Torre (y, junto a él, Chemo Carrera de Caso, que puso a su disposición un eficaz apoyo técnico, y Juanjo Llamazares) jugó un papel crucial. Desde Llanes entraba muy bien la señal, y Nacho mantuvo diariamente la comunicación con los montañeros. Les informaba del parte meteorológico y de las labores de rescate que se habían activado, y, paralelamente, atendía las llamadas de numerosos periodistas de distintos medios de toda España (especialmente, José María García), ávidos de conocer novedades. Al final, García Gallego y Díez Vives pudieron culminar su objetivo y abrieron la vía de escalada “Sueños de invierno”. Una auténtica hazaña.
A Juan José Llamazares, que nos daba clases particulares de Matemáticas a mi hermano Pedro y a mí cuando éramos críos, le ha caracterizado siempre una profunda vocación de servicio. Es muy apreciada su intervención en eventos como la travesía de los Picos de Europa en globos aerostáticos y el rallye Villa de Llanes, así como su colaboración puntual con Cruz Roja Española.
Ha sido distinguido con la insignia de oro de la Unión de Radioaficionados de España.
Juanjo está casado con María Luisa Cembreros González, y el matrimonio tiene dos hijas, Eva y Ana.


LUIS GONZALO MARTÍNEZ: PASOS DISCRETOS POR LA VIDA

Mis personajes favoritos (Nº 326).

En su humildad de alma, en su decencia y en el énfasis contagioso de sus ilusiones, los mellizos Benjamín y Luis Gonzalo Martínez (“Minín” y “Luisito, los de la Nestle”) eran figuras carismáticas entre la rapacería de aquel Llanes entrañable y familiar de los años 60, 70 y 80. Sus padres, José Ángel Gonzalo Fernández y Amelia Martínez, se habían instalado en la villa procedentes de Rozagás (Peñamellera Alta), y tenían otros tres hijos: José Antonio, Angelines y Ángel, el pequeño. Eran gente muy apreciada.
En nuestra infancia compartimos con Benjamín y Luis Gonzalo Martínez las coordenadas de un edén irrepetible, que se extendía entre la Calle Mayor y el Colegio de la Divina Pastora (donde éramos medio pensionistas); entre el “Musulmé” de los Panchines y los partidos de fútbol en la Campera y en el Sablín; entre las antorchas de las cabalgatas de Reyes, que siempre nos deslumbraban, y la sesión dominical de las 5 en el Benavente y en el Cinemar.
Nosotros vivíamos en la Calle Manuel Cue, y ellos en la casona del final de la Calle Mayor, junto a la Plaza de Santa Ana y frente a la casa de Rivero. Era una inmensidad llena de pasillos, estancias y recovecos que hacían adivinar mucha historia. Había sido el colegio de las monjas y en ella se había desarrollado una agenda cultural a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX, cuando albergaba entre sus muros ensayos y actuaciones de la banda de música y escenificaciones de teatro. Aquel mundo era el escenario sin fin de nuestros juegos.
Benjamín y Luis labraron luego su vida profesional en la empresa “Transportes Gonzalo”, fundada por su padre y constituida por una flota de potentes camiones que recorrían y aún recorren la geografía española. Entusiastas del fútbol los dos, y dispuestos siempre a dar la cara y un paso al frente cuando se les necesitaba, serían presidentes del Club Deportivo Llanes en etapas sucesivas.
Desde hace un tiempo, no mucho, Luis era un residente más de la Residencia Faustino Sobrino. Le faltaban ya tres de sus hermanos, fallecidos desde 2006 para acá: Benjamín, José Antonio y Angelines. Él estaba gravemente enfermo. Hablaba lo justo y con un hilo de voz débil. Nos saludábamos en el porche y mostraba una mirada apagada y resignada, enfocada más hacia sus interioridades que hacia el jardín. “¿Subirá el Oviedo este año?”, le preguntaba yo (porque Luis era mucho del Oviedo), y me respondía con un gesto esperanzado. El otro día comentó con orgullo, y con la voz algo más fuerte, que un sobrino nieto suyo formaba parte de la cantera del Sporting. Fue lo último que hablamos.
Luis falleció el lunes 8 de julio de 2024. Tenía 71 años.


EULOGIO CUE INÉS (LOGIO, EL CHULU), MEMORIA DE LA MAR Y DE LA TIERRA

 











Mis personajes favoritos (Nº 327). 

Fue tripulante de casi todas las lanchas de Llanes: “Socorro número 1”, “Virgen María”, “Orinoco”, “Virgen del Rosario”, “Rita García”, “San Pedro”, “Migarreña”, “La Castaña”... En todas fue quemando Eulogio Cue Inés (1916-1995) la vida a jirones.
Cuando le hice esta foto en 1994, Eulogio, Logio “el Chulu”, llevaba dos años observando a diario desde San Antón la evolución de las obras del nuevo puerto, sin perder detalle, y dando oportunos consejos a los ingenieros acerca del modo de prevenir los efectos de los temporales, que tiraban repetidamente a la mar la grava acumulada y algún bloque de hormigón.
Eulogio había nacido en una familia de pescadores de Cimadevilla, y lo sabía todo de la mar. A los ocho años de edad era el lazarillo de su padre, ciego por circunstancias de la vida, y a los diez empezó a curtirse a bordo de una embarcación llamada “La Troya”. Fue pescador durante casi cincuenta años, hasta que la artrosis y el reuma le movieron a buscar otros medios de subsistencia. Le tocó descargar vagones del tren (y vio reventar a compañeros bajo sacos de cien kilos), repartió carbón por las casas, fue sereno en el Paseo de San Pedro y portero de noche de un hotel.
Había sido un deportista excepcional. Bogaba en piragua como los ángeles y eso le condujo a obtener sonados triunfos. A finales de los años cuarenta, ganó en dos ocasiones el Descenso del Sella, ante una concurrencia de más de cien piragüistas cada una de las veces. Quedó también campeón del Descenso de Villaviciosa en tres ediciones.
Junto a su hijo Logín empezó a hacer aparejos. Eran dos figuras inseparables. Iconos del alma de la villa. Se les veía juntos en el puente. Juntos en todas partes. Viviendo y viendo pasar la vida. Queriéndose. Entendiéndose. A lo largo de veintiséis años.
- “Yo lu lavaba, lu peinaba, lu llevaba a la calle y lu enseñé a hacer aparejos. Logín los hacía perfectamente y nunca se cansaba. “¿Estás cansáu, Logín?, le decía yo. ¿Quiés que paremos y descansemos un pocu?” “¡No, coño!, ¡tú tira p' alante, Eulogio!”, me contestaba él.
Disminuido síquicamente, pero atento siempre a lo que pasaba a su alrededor, la bendita inocencia de Logín nos llegaba al corazón.
Toda la vida llamó a su padre "Eulogio". Sólo una vez, al final, invocó Logín a su progenitor de otra manera. Fue en 1989, cuando estaba ya a punto de ser vencido por la leucemia: desde el lecho de muerte, de repente, Logín le llamó por primera vez “papá”. 


martes, 30 de junio de 2026

CUMPLEAÑOS DE "AGUA"

 









"Agua", la perrina de María Antonia (Toña) Álvarez Rubiera, tiene ya diecisiete añinos. Hablamos de ellas aquí en dos ocasiones: el 25 de septiembre de 2015 y el 3 de diciembre de 2017, en MIS PERSONAJES FAVORITOS.

"Agua" ve y oye poco, pero intenta seguir siendo abnegadamente el oído de Toña. Todo el tiempo está pendiente de su ama. De su amiga. En su momento, comenté aquí que le pusieron ese nombre a la perrina porque "agua" es una de las pocas palabras que Toña, sordomuda de nacimiento, puede pronunciar perfectamente.

Toña cumplió 93 años, y "Agua" va camino ¡de los 18!. Las dos están viviendo una madurez serena e ilusionada, con edades equivalentes. Son inseparables y se ayudan mutuamente a andar el camino de la vida.