martes, 30 de junio de 2026

CUMPLEAÑOS DE "AGUA"

 









"Agua", la perrina de María Antonia (Toña) Álvarez Rubiera, tiene ya diecisiete añinos. Hablamos de ellas aquí en dos ocasiones: el 25 de septiembre de 2015 y el 3 de diciembre de 2017, en MIS PERSONAJES FAVORITOS.

"Agua" ve y oye poco, pero intenta seguir siendo abnegadamente el oído de Toña. Todo el tiempo está pendiente de su ama. De su amiga. En su momento, comenté aquí que le pusieron ese nombre a la perrina porque "agua" es una de las pocas palabras que Toña, sordomuda de nacimiento, puede pronunciar perfectamente.

Toña cumplió 93 años, y "Agua" va camino ¡de los 18!. Las dos están viviendo una madurez serena e ilusionada, con edades equivalentes. Son inseparables y se ayudan mutuamente a andar el camino de la vida. 


JOSÉ MANUEL LLERA PÉREZ, UN HOSTELERO FRENTE AL MUELLE

 











Mis personajes favoritos (Nº 328).

“Llera”, como le llama todo el mundo, pertenece de lleno a un paisaje de tintes marinos y urbanos que se conjugan cara a la eternidad en la calle Manuel Caso de la Villa de Ribadesella, frente a la Lonja. Nació en 1968 en el epicentro de la villa riosellana, hijo de José Manuel Llera Huerta, de Avilés, y de Zulema Pérez Martínez, de Ribadesella. El padre había trabajado en la mantequería de Emilio Pando, y luego en la construcción. La madre, en la residencia de ancianos, hasta su jubilación. Tuvieron dos hijos, uno de los cuales, César Luis, ya ha fallecido.
Vivían en el Covallu, bloque 11, en medio de un sano ambiente de buena vecindad,
Por parte de Zulema Pérez, el abuelo de Llera, José María Pérez, era maquinista de Feve, y uno de sus hijos, Ramón Pérez Martínez, condujo durante cuarenta y dos años el tren fluvial y en la época del hambre de la posguerra, dejaba caer en las curvas piedras de carbón que aliviaban como un maná las necesidades de algunas personas.

Llera se había casado a los diecinueve años con María del Carmen Gutiérrez Buenaga, por cuyas venas corre sangre de Llanes, nieta de Marina “la Patiña”, una célebre pescadera que iba hasta Oseja de Sajambre a vender el pescado. Mari Carmen es prima carnal de Manuel Buenaga Palmero, el patrón mayor de la cofradía de pescadores de Ribadesella. De aquel matrimonio nació Daniel Llera Gutiérrez, su único hijo, que regenta un comercio de bicicletas, motos y patinetes eléctricos, “todo lo que tenga ruedas”.

Tras una amplia experiencia de hostelería en el bar Tinín, Llera abrió en 2003 la sidrería La Marina (precisamente, el último día de aquel año), en el mismo sitio en el que antiguamente se levantaba el edificio de la estación de los Alsas, ya desaparecido. Desde el primer momento, el pescado, el marisco, una carta variada y de calidad y la siempre fiable sidra Viuda de Angelón, son las señas de identidad de la sidrería. Ilumina el ambiente una autenticidad marinera y riosellana, con Llera al timón, como patrón carismático de un navío de cabotaje. Es un local lleno de vida, en el que sus fieles clientes (no pocos de ellos llaniscos) nos sentimos igual que en casa güelu. 


JULIO RUISÁNCHEZ CUMPLE CIEN AÑOS













Mis personajes favoritos (Nº 330). 

Ha cumplido cien años Julio Ruisánchez Blanco (Sagua la Grande, Cuba, 23 de diciembre de 1925), uno de nuestros convecinos más queridos, cuya biografía forma parte de la mejor historia del Llanes del siglo XX.
Su padre, Aurelio Ruisánchez Sánchez (1885-1967), natural de Pría, fue un notable maestro en el artístico oficio del corte y la confección de ropa. Había emigrado a Cuba con dieciséis años, y en La Habana trabajó como dependiente de los almacenes “El Encanto”, donde estaban empleados para la misma función Pepín Fernández y Ramón Areces (quienes fundarían en Madrid, muchos años después, Galerías Preciados y El Corte Inglés, respectivamente). Aurelio aprovechaba el tiempo que le quedaba libre para formarse lo mejor posible (en clases nocturnas aprendió inglés con los jesuitas), y al cabo de un tiempo se establecería por su cuenta en Sagua la Grande. Él y su hermano Ramón (que trabajaba entonces en Nueva York como empleado de la camisería Kayzer, de una familia de inmigrantes hebreos) serían alumnos de la Mitchell Academy, de NY, en la que obtuvieron el título de cortadores camiseros.
Aurelio volvió a Cuba, y se casó en La Habana con la orensana Julia Blanco. Tuvieron tres hijos: Julio, Rodobaldo y Mercedes. (Rodobaldo sería sacerdote, poeta e historiador, y Mercedes, bibliotecaria municipal durante décadas en la planta baja de la Casa Consistorial).
En 1930 decidieron regresar a Llanes, y en 1934 abrieron una tienda de confección a pocos metros del Café Pinín. Mal momento eligieron para ello, ante la inminencia del cataclismo que iba a quebrar el alma de España, pero Aurelio y Julia supieron resistir y sobrevivir con toda dignidad a los tiempos cainitas de la Revolución de Octubre y de la Guerra Civil.

En ese mismo comercio de la calle Nemesio Sobrino número 7, y en el mismo taller de confección de la trastienda, labraría su porvenir el primogénito de la familia, Julio. Empezó a trabajar con su padre a los diez años de edad, y su actividad profesional en el local familiar se prolongaría hasta 2006. Setenta y un años fecundos, siguiendo fielmente el ejemplo de calidad y profesionalidad heredada de su progenitor.

Julio está casado con Gumer García Falcó, nacida en Oviedo, y el matrimonio tiene cuatro hijos: Julio José, Javier, Álvaro y Ruth. Es historia viva de Llanes, como suele decirse, y en los días soleados acostumbra a salir con su esposa a sentarse tranquilamente en un banco del parque de Posada Herrera. Todo el mundo que pasa le va a saludar, y él, bondadoso y agradecido a la vida, se muestra siempre dispuesto a compartir los ingentes recuerdos y vivencias que tiene a flor de piel.

(Autor de la fotografía: Julio José Ruisánchez García). 

 

CARMEN PÉREZ BERNOT, "UN PULPÍN DE NADA"

 












Mis personajes favoritos (Nº 331). 


La noche que nació Carmen, su padre, Pedro Pérez Villa (el Sordu), andaba a otra cosa. Cuando el progenitor iba de regreso a su casa del Barriu, después de pescar por los andurriales de Cue, clareaba el día, y en el camino se cruzó con un vecino que estaba al tanto de la buena nueva. “¡Enhorabuena, Pedro! Me acabo de enterar. ¿Qué fue esta vez: críu o cría?”, le preguntó el parroquiano. Ajeno todavía al asunto, y presuponiendo que se le estaba interrogando sobre lo de siempre, que si se le había dado bien la pesca, respondió con precisión: “Nada que preste, salao: un pulpín de nada, que en cuantu llegue a casa lu tiro al Riveru por la ventana”.
Noventa y dos años después de aquel amanecer, Carmen Pérez Bernot (1920-2012), la séptima de los nueve hijos de Pedro Pérez Villa y de Aurora Bernot García, fallecería en Cevico de la Torre, el pueblo de Palencia donde pasó la mayor parte de su vida. Se había hecho castellana sin dejar de ser abnegadamente asturiana.
Había nacido en el Barriu, en medio de una topografía llena de esencias del Llanes marinero: el faro, la Tijerina, la capilla de San Antón, Puertu Chicu y las fábricas de conservas de pescado, en la cercanía de la mansión del conde de La Bedoyère y de la casa-cuartel de la Guardia Civil. Sobresalía en el paisaje urbano la liviana jerarquía de un hada enlutada, Angelita, la Partera, que a tantas madres ayudaba a parir. Angelita siempre recibía al nuevo ser canturriando: “¡Que soy de la Guía, de la Guía soy!", mientras cogía al naciatu por los pies después de cortar el cordón umbilical.
Carmen vio construirse los muelles de la ría, la Compuerta, la Rula de Joaquín Ortiz y la Barra, mientras ella y sus tres hermanas (María, Lola y Pilar) iban al lavadero cargadas con una batea en la cabeza, sobre la corona del rueñu. Era alta y delgada, como la de la canción, y su hermano Víctor la provocaba llamándola “Palu de Poo”, lo que hacía que ella se subiese por las paredes.
Conservaba una memoria de aúpa y su testimonio me ayudó, no pocas veces, a reconstruir partes inéditas de la pequeña historia llanisca y de la Guerra Civil, que estalló cuando ella acababa de cumplir 16 años. Me contaba la despedida apresurada de su hermano Juan, confitero de La Auseva, alistado como voluntario en el batallón de El Coritu, que no regresaría del frente. “Si te pregunta madre por mí, dile que fui a darme un calumbu a Toró”, le había dejado dicho Juan a Carmen en el momento de partir.
En 1938, conocería a un labrador palentino, llamado Mariano Rodríguez Portillo, soldado de las tropas nacionales, que hacía guardia en la garita del campo de aviación de Cue. Empezaron a cortejar, y Carmen llegó a llevarle hasta allí alguna vez un bocadillo. Se casaron en la sacristía de la iglesia de Llanes, que era la trastienda destinada entonces a esos efectos para la gente de su clase social, y la historia de amor de la pareja duraría 60 años.
En Cevico, y aparte de su trabajo en el campo, Mariano era el encargado de proyectar la película semanal en el cine del pueblo, propiedad de su familia (la de “Los Buscavidas”), y Carmen asistía a las sesiones siempre con el embeleso de una colegiala. Tuvieron un hijo, Marianín, que vive en Madrid, fueron felices en su rutina y recorrieron un mapa de sueños sencillos y posibles a bordo de un Seiscientos blanco (“el Blanquillo”, según lo llamaba Mariano), que les traía todos los años a la fiesta de la Guía. 


RAFAEL SORDO TURANZAS, "FALO EL DE ANDRÍN"











Mis personajes favoritos (Nº 332). 


De joven, Rafael Sordo Turanzas (1937-2026) salió de su pueblo a buscar nuevos horizontes. Hambriento de mundo y de conocimiento, se convirtió en representante exclusivo de la prestigiosa firma “Pinturas Duraval”, de la que era propietario Benito González Pérez, el gran benefactor de Andrín. Don Benito, antiguo indiano en México, estaba establecido con su familia en Madrid desde finales de los años 40.
Falo andaría de la ceca a la meca como viajante, llevando primorosamente una envidiable cartera de fieles clientes repartidos por todas las provincias de España y anotando los pedidos con una concienzuda y elegante caligrafía aprendida de los hermanos de La Arquera. Hombre de método, observador, dicharachero y sarcástico y coñón con mesura, Falo supo doctorarse en la universidad de la vida, llevado por una firme determinación cosmopolita y un innato don de gentes que le abría puertas.
Era tan metódico como él su hermano Alonso, honorable maestro de cantería, al que tuve oportunidad de tratar muchas veces en las tertulias del bar La Gloria. Alonso, antítesis de trabajador chapucero o poco cuidadoso en sus cosas, había sido uno de los canteros que levantaron en los años 50 el murallón de piedra de El Sablón.
Andando el tiempo, y siempre fiel a una soltería que nunca llegaría a estar en serio peligro, Falo fue elegido alcalde pedáneo de su localidad natal, y en ese escenario desarrolló sus dotes de organización y capacidad de iniciativa al servicio del pueblo, mientras cultivaba su vocación de reportero como corresponsal de EL ORIENTE DE ASTURIAS en Andrín, poniendo en ello una precisión y un sello personal que Lolo Maya Conde, director del semanario, supo siempre valorar y agradecer.
En un momento dado, el camino de Falo se juntó con el de Carlos Menéndez Jeannot, carismático profesional de RTVE, investigador y promotor de la cultura popular asturiana. Se juntaron así, de algún modo, el hambre y las ganas de comer. De la amistad y colaboración entre los dos nacería la Muestra de Folklore de Andrín, organizada durante varios lustros en el día de la festividad de Nuestra Señora. Un evento que dejó honda huella en Asturias.

Casi hasta el final de su existencia, desayunaba todos los días en el bar Uría; sondeaba las páginas de LA NUEVA ESPAÑA y, cuando se terciaba, por menos de una perrina, entonaba alegremente la jota “No te vayas de Navarra”, su canción de toda la vida.
Falo se nos muestra en la fotografía, en el extremo derecho, junto a Carlos Jeannot y dos estrellas de la tonada: José Manuel Collado y María Luz Cristóbal. Ahí le tenemos en su salsa, rodeado de gente que le quería y le admiraba. La hice el 5 de marzo de 1994, al término de una gala pro Muestra del Folklore de Andrín, organizada por la Casa de Cultura en el salón del Instituto de E. Secundaria. Una foto representativa de una época muy rica en aconteceres para Andrín y para el propio Falo.
Este querido personaje llanisco falleció el 15 de abril de 2026. 


lunes, 27 de noviembre de 2023

MARÍA LUISA BERNALDO DE QUIRÓS CUESTA: LA GRANDEZA DE LOS BANDOS

 

Todo lo que constituye la gran historia de los bandos de fiesta llaniscos tenía en ella a uno de los máximos referentes. María Luisa Bernaldo de Quirós Cuesta (1926-2023), que fue la presidenta del bando de la Magdalena, cubrió una etapa llena de glamur y esplendor.

En los años 60 fue la directora artística del cuadro escénico del bando, que, al igual que los grupos de San Roque y de la Guía, ofrecía en el Cinemar espectáculos de gran nivel.

Se echa mucho de menos aquella época, en la que, con llenos de público hasta la bandera, los jóvenes de los tres bandos festivos de la villa desplegaban sobre el escenario vistosas y elegantes coreografías de música y danza.

En la imagen (del archivo del semanario EL ORIENTE DE ASTURIAS) vemos a María Luisa en el apogeo de uno de aquellos momentos, acompañada por los integrantes del legendario grupo melódico Los Pekenikes, que actuaron en Llanes en cinco años consecutivos, entre 1960 y 1964, y que en julio de 1965 habrían de ser teloneros de The Beatles en las Ventas de Madrid.

María Luisa, sexta y última hija de José María Bernaldo de Quirós Argüelles y de Carmen Cuesta Reixa, y hermana de María del Carmen (Menchu), Ofelia, María Josefa (Fifi), José María y Federico.

José María Bernaldo de Quirós Argüelles, a su vez, era el quinto de los ocho hijos que tuvo el matrimonio formado por Federico Bernaldo de Quirós Mier y María Josefa Argüelles Díez-Pimienta, marquesa de Argüelles. Los siete hermanos de José María fueron Amalia, Ramón, Federico, Rosario, María, María Ignacia y Fernanda.

María Luisa Bernaldo de Quirós falleció el pasado 21 de noviembre. Era viuda de José Luis Fernández-Peña García y madre de la periodista Magdalena Fernández-Peña Bernaldo de Quirós. Descanse en paz.    


ABEL NORIEGA GALGUERA, DE SAN ROQUE DEL ACEBAL: CANCIONES DE UN FERROVIARIO EN LA HUERTA

 

Mis personajes favoritos (Nº 324)

Abel Noriega Galguera (San Roque del Acebal, 1958) estuvo trabajando desde 1984 en FEVE. Primero como guardagujas (especialista de estaciones) en Figaredo y Llanes, y después como factor de circulación en Moreda de Aller, Unquera y Llanes de nuevo. Formó parte de la alegre plenitud del ferrocarril, que tanta vida daba a la villa cuando desembarcaban en la estación cientos de viajeros.
Entre servicio y servicio, él y sus compañeros -Iñaki Pelaz, Ramón Ibáñez, Ramón Santoveña, José Luis Alonso (“Maceda”), Ricardo (Cardi) el de Parres, Enrique el de Poo, los hermanos Pelayo y Pancho Cueto Noriega, Manolo San Miguel y su sobrino Víctor San Miguel, Luisito el de Posada, Manolo Noriega (Colo)…- pasaban sus ratos libres en el bar La Gloria, enganchados al carrusel de anécdotas y tipos célebres que desfilaban cada día ante la barra de Pepín Sánchez Inclán.
Los padres de Abel, Ramón Noriega García (guardagujas en Llanes durante muchos años) y María Teresa Galguera Somohano (dedicada a sus labores y a la labranza), que eran los dos de San Roque del Acebal, tuvieron siete hijos: María Teresa, Ramón Gerardo, Salustiano, Jesús, Alberto, Abel y Belén. Los dos primeros ya fallecieron.

Abel fue a la escuela en San Roque hasta los catorce años, y en seguida se puso a trabajar, tanto en casa, con el ganado, como fuera de ella, en la construcción. Hizo la mili en Palma de Mallorca (donde le buscó un buen destino, en un cuartel de veterinaria, el coronel Ricardo Duyos) y jugó al fútbol en el C. D. San Jorge de Nueva.
Siempre le gustó la canción asturiana y ya ha tenido destacadas participaciones en concursos como el “Ciudad de Oviedo”, en el Teatro Filarmónica, y en los de Avilés, Gijón, Mieres y El Entrego. No es el único de su familia que tiene estas aficiones. Su hermano Jesús, que vive en Sama, es gaitero y acompaña habitualmente a cantantes de renombre en actuaciones por toda Asturias. Y Celia, la hija de Abel, acumula también ya, a pesar de su juventud, un brillante historial como intérprete de tonada. Nominada una vez para el prestigioso Premio “Carlos Menéndez Jeannot”, ha participado y participa en buenos concursos, como el “Ciudad de Oviedo”, el de El Comercio de Gijón y los de Sama y La Nueva. El 9 de diciembre de 2016, Abel, Jesús y Celia ofrecieron en el salón de actos de la Casa Municipal de Cultura de Llanes el espectáculo “Tonada en familia”, en el que tomaron parte también los actores cómicos Luz Mari del Sol (esposa del mítico portero del Real Oviedo Lombardía, ya fallecido) y José Fuertes. Fue un éxito total.
Jubilado desde el 1 de enero, Abel va a diario a un pequeño huerto que tiene a la entrada de Pancar. Regenta un microcosmos que exige una dedicación constante, pero gozosa. Allí planta de todo y tiene consigo paz, unas cuantas gallinas, cuatro gatines y un perrín muy simpático llamado “Chuche”. Abel es un hombre tranquilo y discreto, y se le ve feliz.