José Villar y Villar, nacido en 1882 en Porrúa, figura en la historia de Llanes por derecho propio: lo está por su fuerza descomunal, por su simpatía, por su humanidad de 120 kilos, por su nobleza, por su peculiar forma de sesear, por sus ocurrencias, por el anecdotario que nos legó… Dedicóse a la madera y estaba casado con Rosa Nevares Gómez, de Alles (Peñamellera Alta). Tuvieron diez hijos, tres de ellos varones.
De él recogió una simpática semblanza Alberto Niembro Turanzas en un cuaderno editado en los años 60 por El Oriente de Asturias, en el que se narran diez aventuras del popular porruano. Una de ellas es la titulada “Mayorazu, boxeador”:
“Una ves, me comprometieron en la villa a liarme a guantasos con un ‘bolseador’ de no sé dónde… El día antes de los puñetasos, y después de raparme al sero la cabesa, me raparon también las piernas, los brasos, el pecho, la espalda y la cara; me descortesaron bien descortesao. Como yo no había visto nunca esa clase de peleas, les pregunté sobre ellas, mientras me ponían a su gusto, y me respondieron todos: ‘Nada, Mayorasu, nada; con los guantes no os podéis lastimar mucho; además, no debes preocuparte, porque el bolseador ese es del tipo mosca'… Entonces, pensé yo, ¡mosca muerta segura!
Al otro día, y con la mosca ya detrás de la oreja, fui con los amigos al salón de la pelea; y cuando me pusieron en puros calsonsillos vino el bolseador. Estaba yo muy descuidado mirándole, cuando empesó a bailar la mosca y, asercándose como un saltapraos, y sin más, me dio un puñetaso en las narises, y otro, y otros más. Yo también los repartí, a diestra y siniestra, pero no le asestaba ni uno, porque aquello ni era hombre ni era mosca; era… ¡un pelo dansando en el aire!
Allá como pude, y después de andar tras él cerca de media hora, logré alcansarle y entonses fue la mía. Abrasé al traidor con tal coraje, que le triscaron todas las costillas. Si no me lo quitan pronto de entre los brasos, salen más de mil moscas de él.
Ya en el bar con los amigos, y desconfiando hasta del moscatel que me ofresían, les dije que la lucha del bolseo, a mi parecer, es igual a la que hasen contra nosotros los pínfanos, que, para picarnos, esperan a que nos durmamos o nos descuidemos; y aprovecharse de los descuidos de otro ¡no es desente! Además, ¿qué es eso de amenasar a uno con el puño isquierdo para pegar después con el derecho?”

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