Mis personajes favoritos (Nº 321).
La silueta de Rodobaldo Ruisánchez Blanco (Sagua la Grande, Cuba, 1929-Llanes, 2023), con su inseparable ejemplar de LA NUEVA ESPAÑA en una mano y un puro entre los labios, se va a echar de menos en el paisaje urbano llanisco. Le veíamos, calle Egidio Gavito arriba, o abajo, camino de sus rutinas. Cuántas veces coincidimos con él en el bar La Gloria, o en el Bodegón, antes de recogernos cada uno en su casa.
En el fragor del verano, después de la misa vespertina, iba con don Luis Díaz, el párroco, a tomar algo en la terraza de la cafetería del Sablón, y allí, resguardados del bullicio, en un ambiente de murmullo suave de olas que venían a morir en la orilla, entretejían diálogos casi siempre sobre cosas de Llanes y recuerdos comunes.
Era hijo de Aurelio Ruisánchez Sánchez (1885-1967), nacido en Pría, un joven emigrante que había trabajado como dependiente en los almacenes de La Habana “El Encanto”, donde también estaban empleados para la misma función Pepín Fernández y Ramón Areces (fundadores, después, de Galería Preciados y El Corte Inglés, respectivamente). Aurelio se formaría como sastre en Nueva York, donde adquiriría el título de cortador.
Rodobaldo había estudiado en los seminarios de Oviedo y Salamanca (donde se licenció en Teología), y sus destinos como sacerdote fueron Mieres, Oviedo (en la parroquia de San Juan el Real) y Salas. También fue profesor de centros educativos, antes de continuar su apostolado al otro lado del mar. Pasaría más de la mitad de su vida en Argentina, y allí conocería y trataría a Jorge Bergoglio (futuro Papa Francisco) y a Raúl Primatesta, obispos de gran peso social que pasarían a la historia. Luminosa figura la primera. Oscura y discutida, la segunda.
Una de las funciones que desempeñó en Argentina fue la de capellán castrense.
Cuando regresó definitivamente a Llanes, ya jubilado, don Rodobaldo seguiría aquí oficiando misas y rosarios, como un cura de refuerzo, polivalente y de cálido verbo.
Don Rodobaldo, fiel devoto del bando de San Roque, siempre tuvo inquietudes culturales. Poseía un buen archivo sobre distintos aspectos del Llanes pretérito; escribía artículos en El Oriente de Asturias; publicó libros sobre el insigne médico José Sordo Álvarez y un poemario; colaboró con el musicólogo Ramón Sobrino en la creación de piezas musicales, y la Agrupación Coral Concejo de Llanes cuenta en su repertorio con una canción compuesta por él. Siempre decía que llevaba tres banderas en el corazón: la cubana, la española y la argentina.
Sus últimos días los pasó en el Colegio Don Orione, primero, y en la Residencia Faustino Sobrino, al final. Don Rodobaldo nos dejó el pasado domingo, 9 de abril, a la edad de 94 años.
(Nota: la foto se la hice delante de la Basílica hace ya unos cuantos años. Éramos amigos, pero en vida nunca quiso que publicase un perfil suyo. Que me perdone por esto).
