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miércoles, 27 de septiembre de 2023

PEDRO DÍAZ ARGÜELLES, EN LA HISTORIA MUSICAL DE LLANES

Mis personajes favoritos (Nº 320).

Anhelamos el pasado de Llanes, que tantos reflejos de gloria ofrece en todos los ámbitos, incluido el musical. La música fue aquí especialmente rica en sucesos y vivencias colectivas, en compositores brillantes, en grupos e intérpretes que supieron dejar huella. Figuran con letras de oro Félix Segura Ricci, fundador de la Banda Municipal de Música a mediados del siglo XIX, Estanislao Verguilla y el violinista ciego Juan de Andrín, y también los nombres de conjuntos inolvidables, como los Panchines (que adoptaría luego el nombre “Mar Azul”), “René y los Vulkas”, “Los Dados” y “Los Siemens”, así como la amable omnipresencia de las emisoras de radio de Santander, con la voz de Federico Llata Carrera (1935-2018) y su histórico programa de dedicatorias “Caravana de la alegría” inundándolo todo. Los años 60 no pudieron ser mejores. A lo largo de la década se extendería la impronta yeyé en fecunda coexistencia con Cosmín, Jordán y los demás componentes de los Panchines.
Con dieciocho años, Pedro Díaz Argüelles (Llanes, 1944) fundó el cuarteto “Japemara”, una de las primeras formaciones de música melódica que daba Llanes, siguiendo la estela de Los Brincos, Los Sírex, Los Bravos y otros grupos de moda entonces a escala nacional. El grupo adoptaba una denominación en la que se recogían las iniciales de los nombres de sus componentes: Javier Cue (que tocaba el bajo), Pedro (batería y percusión), Miguel Ángel Fernández Tarno (guitarra de punteo) y Ramón Noriega, Peroles (guitarra rítmica). Participaban en las veladas de los bandos en el Cinemar y eran contratados desde muchos sitios. Una de sus actuaciones más memorables tuvo lugar en las Marismas, en una verbena de las fiestas de la Virgen de Guía, sobre un escenario instalado en las inmediaciones del Matadero Municipal, que compartieron con la impresionante Orquesta Cubanacán de Torrelavega.
Pedro era hijo único. Sus padres, Wenceslao Díaz Cardín (Wences) y Ramona Argüelles Llaca, los dos de Lledías, vivían en la calle Nueva. Wences, que era sobrino de Cesáreo Cardín (colaborador del Conde de la Vega del Sella en excavaciones de yacimientos paleolíticos), trabajó en FEVE y fue portero de noche del Hotel Montemar.
De crío, Pedro Díaz Argüelles asistió a la escuela de las Mantilla, y después fue alumno del Colegio de la Divina Pastora y de La Arquera. Preparó oposiciones a FEVE y las sacó, muy joven, con el número 3. Se convirtió en factor de la estación de Llanes, pero lo dejó al poco tiempo. Quería aventurarse en otros campos, y le surgió la oportunidad de abrir mercados a Chupa Chups y crear equipos de vendedores de la popular marca de Piloña por muchos sitios: Oviedo, Santander, Provincias Vascongadas y norte de Palencia. Tenía buenas dotes de vendedor y de organizador.
Después empezó a trabajar en la potente industria automovilística FASA, con sede en Valladolid, y al cabo de unos años, se estableció en Vigo, donde sería gerente de concesionarios de Alfa Romeo, Hyundai y Subaru.

Falleció el 7 de septiembre de 2023, víspera de la fiesta de la Guía, una fecha esencial en el paisaje de su alma llanisca, y sus restos reposan en el cementerio de Posada. Deja muchos amigos, hermanados con su llanisquismo, su alegría y su visión de la vida. Estaba casado con Aurora Artero Ruiz, su inseparable compañera hasta el final, y tenía tres hijos, Carmen, Cristina y José Ignacio Díaz Huertes, fruto de un anterior matrimonio.

Pedro Díaz Argüelles, a la batería, con los "Japemara", Ramón Noriega, Javier Cue y Miguel Ángel Fernández Tarno detrás de él, de izquierda a derecha.



lunes, 1 de marzo de 2021

MIGUEL ÁNGEL FERNÁNDEZ TARNO: LOS TUNOS Y LOS "JAPEMARA"


Mis personajes favoritos (Nº 287).

La bandurria y la guitarra eléctrica de punteo de Miguel Ángel Fernández Tarno (Llanes, 1943) vibraron en la mejor época de los grupos musicales llaniscos, en la segunda mitad del siglo XX. Tendría unos diecisiete años cuando él y su amigo José Ramón Vallina (el maestro Vallina, un músico fuera de serie, que dominaba varios instrumentos) vieron nacer una rondalla en el bar de María Chin Chín. Entre porrones de vino y quesos de Peñamellera, cantaban y tocaban la guitarra varios jóvenes, mayores que ellos, como José Luis Pastor, José Antonio Sáez Sotres y José Borbón. Era el clima propicio para que saliera adelante una estudiantina. Y salió.
Él y Vallina se integraron plenamente en ella. Miguel Ángel tocaba la bandurria y el laúd, y, cuando se deshizo la rondalla, se enroló en un proyecto con aires de pop: el del grupo “Japemara”, formado por Javier Cue (Ja), bajo; Pedro Díaz Argüelles (Pe), batería; Miguel Ángel (Ma), guitarra de punteo; y Ramón Noriega, “Peroles” (Ra), guitarra rítmica.
Cuatro grupos dedicados a la música de moda entonces fueron surgiendo en la villa: “Los Vulka”, “Los Dados”, los “Siemens” y ellos. Los “Japemara” ensayaban en el Hotel México, regentado por la familia de Peroles, y actuaban por todo el concejo. Una vez fueron contratados en Ribadesella, y en otra ocasión tocaron en Colunga como teloneros de “Los Juniors”, que capitaneaba Niti Colsa. “La Bamba” era una de las piezas que más interpretaban.
Hijo único de Miguel Ángel Fernández Alea, de Llanes, y de Olvido Tarno Corrales, de Villanueva de Pría, Miguel Ángel nació en Las Barqueras. Su madre trabajaba de empleada de hogar en casa del médico Gabriel Sotres. Su padre, al que llamaban “Mecu” (sobrenombre que le pusieron de crío, cuando jugaba a las canicas y decía “se me cute”) fue peluquero. Trabajó en dos peluquerías: en la del peluquero y fotógrafo Francisco Rozas, frente de la Plaza (donde hoy está el comercio de Paco Rozas), y en la que tenía Pedro Conde en la misma calle, al lado de la confitería Bengoa. Los domingos iba en tren a cortar el pelo por los pueblos, y en el vagón viajaba siempre alguna pescadera, a vender pescado en sitios alejados de la villa.
Mecu y Olvido llevaron a su hijo a estudiar en el colegio de la Divina Pastora, de las monjas; después a la escuela particular de Pilar Montalbán, al lado de la capilla de San Roque, y, finalmente, a La Arquera, donde estuvo hasta los diecisiete años.
A los dieciocho, entró a trabajar en el Ayuntamiento, en la Cámara Agraria. El alcalde era Aurelio Morales, padrino suyo. Pasó luego a la Casa Sindical, en la calle Posada Herrera, con Manuel López Montoto y Adolfo García Ardines (Fito), y posteriormente a la Oficina de Empleo, en la planta baja del mismo edificio, donde tuvo como compañero a Ángel Galguera.
En 1976 decidió ponerse por su cuenta. Pidió la excedencia y, en sociedad con Arturo Burgos, abrió una asesoría, la Oficina Técnica Mercantil, en la travesía que va de la calle Nemesio Sobrino al Hotel Montemar. En 1980, ya en solitario, trasladó la empresa a la Calle Mayor.
Casado desde 1974, con la gallega Carmen Varela Rodríguez, tienen un hijo, Miguel Ángel Fernández Varela, actual titular de la Oficina Técnica Mercantil.