Mis personajes favoritos (Nº 333).
Martín Huertas Puertas era de pocas palabras, debido, quizás, a su innata
tartamudez, pero ello nunca le impidió desenvolverse en la comunicación con los
demás de un modo fluído y natural. Sus ojos, su sonrisa y su capacidad de
observación, formaban parte de un lenguaje propio que siempre resultaba
expresivo y fácil para los demás.
La vida de Martín transcurrió entre parámetros sencillos, naturales y
apegados fielmente a la devoción por la Virgen de Guía, de cuyas tradiciones
fue guardián. Al igual que su madre, Pilar, y que su hermano, Agustín, bailó en
su niñez la danza de los arcos, y luego la transmitió en su pureza, tal como la
había heredado él, enseñándola a los críos como si fuera un tesoro que nunca ha
de perderse.
Se casó con la corita Mari Carmen Sobrino Fernández, el amor de toda su
vida, que tan bien le supo cuidar y entender, y formaron una buena familia: dos
hijos, Martín y Javi, y, de momento, un nieto, Pablo, hijo de Javi.
Junto con Carmen, los dos codo con codo siempre, había regentado un bar muy
representativo de Cue, “La Espuela” (donde él, precisamente, había aprendido el
oficio desde muy joven), y después fueron los concesionarios del restaurante
del club municipal de golf “La Cuesta”. Labraron su vida activa en los surcos
de la hostelería, donde tanto hay que aguantar, y se convirtieron en dos de los
más apreciados profesionales del sector.
Enfermo desde hacía años, Martín sobrellevaba ejemplar y valerosamente sus
dolencias y las periódicas idas y venidas al HUCA, hasta que su organismo ya no
pudo más. El 17 de enero de 2023 falleció en Cue, a los 68 años de edad.
Se nos fue otro de los grandes.

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