miércoles, 1 de julio de 2026

LUIS GONZALO MARTÍNEZ: PASOS DISCRETOS POR LA VIDA

Mis personajes favoritos (Nº 326).

En su humildad de alma, en su decencia y en el énfasis contagioso de sus ilusiones, los mellizos Benjamín y Luis Gonzalo Martínez (“Minín” y “Luisito, los de la Nestle”) eran figuras carismáticas entre la rapacería de aquel Llanes entrañable y familiar de los años 60, 70 y 80. Sus padres, José Ángel Gonzalo Fernández y Amelia Martínez, se habían instalado en la villa procedentes de Rozagás (Peñamellera Alta), y tenían otros tres hijos: José Antonio, Angelines y Ángel, el pequeño. Eran gente muy apreciada.
En nuestra infancia compartimos con Benjamín y Luis Gonzalo Martínez las coordenadas de un edén irrepetible, que se extendía entre la Calle Mayor y el Colegio de la Divina Pastora (donde éramos medio pensionistas); entre el “Musulmé” de los Panchines y los partidos de fútbol en la Campera y en el Sablín; entre las antorchas de las cabalgatas de Reyes, que siempre nos deslumbraban, y la sesión dominical de las 5 en el Benavente y en el Cinemar.
Nosotros vivíamos en la Calle Manuel Cue, y ellos en la casona del final de la Calle Mayor, junto a la Plaza de Santa Ana y frente a la casa de Rivero. Era una inmensidad llena de pasillos, estancias y recovecos que hacían adivinar mucha historia. Había sido el colegio de las monjas y en ella se había desarrollado una agenda cultural a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX, cuando albergaba entre sus muros ensayos y actuaciones de la banda de música y escenificaciones de teatro. Aquel mundo era el escenario sin fin de nuestros juegos.
Benjamín y Luis labraron luego su vida profesional en la empresa “Transportes Gonzalo”, fundada por su padre y constituida por una flota de potentes camiones que recorrían y aún recorren la geografía española. Entusiastas del fútbol los dos, y dispuestos siempre a dar la cara y un paso al frente cuando se les necesitaba, serían presidentes del Club Deportivo Llanes en etapas sucesivas.
Desde hace un tiempo, no mucho, Luis era un residente más de la Residencia Faustino Sobrino. Le faltaban ya tres de sus hermanos, fallecidos desde 2006 para acá: Benjamín, José Antonio y Angelines. Él estaba gravemente enfermo. Hablaba lo justo y con un hilo de voz débil. Nos saludábamos en el porche y mostraba una mirada apagada y resignada, enfocada más hacia sus interioridades que hacia el jardín. “¿Subirá el Oviedo este año?”, le preguntaba yo (porque Luis era mucho del Oviedo), y me respondía con un gesto esperanzado. El otro día comentó con orgullo, y con la voz algo más fuerte, que un sobrino nieto suyo formaba parte de la cantera del Sporting. Fue lo último que hablamos.
Luis falleció el lunes 8 de julio de 2024. Tenía 71 años.


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