martes, 30 de junio de 2026

JOSÉ MANUEL LLERA PÉREZ, UN HOSTELERO FRENTE AL MUELLE

 











Mis personajes favoritos (Nº 328).

“Llera”, como le llama todo el mundo, pertenece de lleno a un paisaje de tintes marinos y urbanos que se conjugan cara a la eternidad en la calle Manuel Caso de la Villa de Ribadesella, frente a la Lonja. Nació en 1968 en el epicentro de la villa riosellana, hijo de José Manuel Llera Huerta, de Avilés, y de Zulema Pérez Martínez, de Ribadesella. El padre había trabajado en la mantequería de Emilio Pando, y luego en la construcción. La madre, en la residencia de ancianos, hasta su jubilación. Tuvieron dos hijos, uno de los cuales, César Luis, ya ha fallecido.
Vivían en el Covallu, bloque 11, en medio de un sano ambiente de buena vecindad,
Por parte de Zulema Pérez, el abuelo de Llera, José María Pérez, era maquinista de Feve, y uno de sus hijos, Ramón Pérez Martínez, condujo durante cuarenta y dos años el tren fluvial y en la época del hambre de la posguerra, dejaba caer en las curvas piedras de carbón que aliviaban como un maná las necesidades de algunas personas.

Llera se había casado a los diecinueve años con María del Carmen Gutiérrez Buenaga, por cuyas venas corre sangre de Llanes, nieta de Marina “la Patiña”, una célebre pescadera que iba hasta Oseja de Sajambre a vender el pescado. Mari Carmen es prima carnal de Manuel Buenaga Palmero, el patrón mayor de la cofradía de pescadores de Ribadesella. De aquel matrimonio nació Daniel Llera Gutiérrez, su único hijo, que regenta un comercio de bicicletas, motos y patinetes eléctricos, “todo lo que tenga ruedas”.

Tras una amplia experiencia de hostelería en el bar Tinín, Llera abrió en 2003 la sidrería La Marina (precisamente, el último día de aquel año), en el mismo sitio en el que antiguamente se levantaba el edificio de la estación de los Alsas, ya desaparecido. Desde el primer momento, el pescado, el marisco, una carta variada y de calidad y la siempre fiable sidra Viuda de Angelón, son las señas de identidad de la sidrería. Ilumina el ambiente una autenticidad marinera y riosellana, con Llera al timón, como patrón carismático de un navío de cabotaje. Es un local lleno de vida, en el que sus fieles clientes (no pocos de ellos llaniscos) nos sentimos igual que en casa güelu. 


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