Antes de la Guerra Civil, había en Llanes una céntrica fonda que se llamaba "La Asturiana", ubicada en la calle Manuel Cue (la calle del Llegar), esquina a la calle Mayor. Sus propietarios eran los abuelos de Rosita, Manuel y Josefina, que procedían de Granda y tenían 13 hijos.
De cría, Rosita de la Parte Sordo, que nació en La Galguera en 1923, venía a verlos y quedaba fascinada por el trajín que había en aquella casa de comidas y hospedaje. Allí solía hospedarse, por ejemplo, la renombrada orquesta "Romo" de Torrelavega, que venía mucho a tocar por aquí.
Ya no queda casi nadie que recuerde aquella fonda y aquella efervescencia de entreguerras, cuando en Llanes funcionaban a tope varias fábricas y los trenes iban y venían cargados de viajeros.
Tiempo después, el padre de Rosita, Ángel, sería ferroviario y haría compatible esto con las tareas de labrador, al igual que muchos otros compañeros del tren.
Rosita, de joven, confeccionó trajes de aldeana y de porruanu. Había aprendido el oficio con la modista Teresa Fuertes. Se casó con Pancho Celorio, y el primer traje de aldeana que hizo en su vida fue para la hija de ambos, Reyes Celorio de la Parte, entonces una criuca.
Reyes, años después, y enseñada por su madre, se convertiría en una de las referencias locales en la confección y alquiler de los atavíos llaniscos tradicionales.
De cría, Rosita de la Parte Sordo, que nació en La Galguera en 1923, venía a verlos y quedaba fascinada por el trajín que había en aquella casa de comidas y hospedaje. Allí solía hospedarse, por ejemplo, la renombrada orquesta "Romo" de Torrelavega, que venía mucho a tocar por aquí.
Ya no queda casi nadie que recuerde aquella fonda y aquella efervescencia de entreguerras, cuando en Llanes funcionaban a tope varias fábricas y los trenes iban y venían cargados de viajeros.
Tiempo después, el padre de Rosita, Ángel, sería ferroviario y haría compatible esto con las tareas de labrador, al igual que muchos otros compañeros del tren.
Rosita, de joven, confeccionó trajes de aldeana y de porruanu. Había aprendido el oficio con la modista Teresa Fuertes. Se casó con Pancho Celorio, y el primer traje de aldeana que hizo en su vida fue para la hija de ambos, Reyes Celorio de la Parte, entonces una criuca.
Reyes, años después, y enseñada por su madre, se convertiría en una de las referencias locales en la confección y alquiler de los atavíos llaniscos tradicionales.

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